lunes, 2 de junio de 2008

Rapsodia Naculta Opus 36

Defendiendo la consigna de que "lo naco no quita lo certero", presento a continuación un hallazgo hermenéutico inigualable, la colaboración (involuntaria) entre el Chapo de Sinaloa, Oliverio Girondo y Pesado. El poema se llama:
"Ojalá que te mueras para que regreses".
Que los ruidos te perforen los dientes,
como una lima de dentista,
y la memoria se te llene de herrumbre,
de olores descompuestos y de palabras rotas.
Que te crezca, en cada uno de los poros,
una pata de araña;
que sólo puedas alimentarte
de barajas usadas
y que el sueño te reduzca,
como una aplanadora,
al espesor de tu retrato.
Que al salir a la calle,
hasta los faroles te corran a patadas;
que un fanatismo irresistible
te obligue a prosternarte
ante los tachos de basura
y que todos los habitantes de la ciudad
te confundan con un madero.
Ojalá pagues caro el haberme engañado
aun queriéndote tanto.
Que se claven espinas en tu corazón
si es que aún tienes algo.
Ojalá sea un tormento acordarte de mí,
si es que un día lo haces;
ojalá sea tanto el dolor
que supliques perdón
y se vuelva tan insoportable.
Que cuando pidas perdón
siempre te ignoren,
que te ofendan, que te humillen día a día,
noche a noche hasta que llores.
Que estés triste y que no te den consuelo,
que te arrastren por el suelo.
Que cuando quieras decir: "Mi amor",
digas: "Pescado frito";
que tus manos intenten estrangularte a cada rato,
y que en vez de tirar el cigarrillo,
seas tú el que te arrojes en las salivaderas.
Que tu mujer te engañe hasta con los buzones;
que al acostarse junto a ti,
se metamorfosee en sanguijuela,
y que después de parir un cuervo,
alumbre una llave inglesa.
Que tu familia se divierta en deformarte el esqueleto,
para que los espejos, al mirarte,
se suiciden de repugnancia;
que tu único entretenimiento consista en instalarte
en la sala de espera de los dentistas,
disfrazado de cocodrilo,
y que te enamores, tan locamente,
de una caja de hierro,
que no puedas dejar, ni por un solo instante,
de lamerle la cerradura.
Ojalá que te mueras,
que se abra la tierra
y te hundas en ella,
que todos te olviden;
ojalá que se cierren
las puertas del cielo
y que todos te humillen,
que se llene tu alma de penas
y entre más te duelan,
que más te lastimen.
Ojalá que te mueras,
que tu alma se vaya
al infierno y que se haga
eterno tu llanto.
Ojalá que te mueras,
que todo tu mundo
se vaya al olvido,
sé que no debo odiarte,
pero es imposible
tratar de olvidar
lo que hiciste conmigo.
Ojalá que te mueras,
que todo tu mundo
se quede vació;
ojalá cada gota de llanto,
te queme hasta el alma,
ojalá que no encuentres la calma,
ojalá que te mueras...
Para que regreses,
para que te quedes conmigo.
Que nunca encuentres
quien te puede amar.
Por eso lo digo,
para que regreses,
para que te quedes conmigo.
Ojalá que nadie te ame como yo,
para que regreses...
ojalá que te mueras...
para que regreses...

1 comentario:

Brenda dijo...

We, de dónde sacaste eso???. Santo cristo!!!.
Oye... La otra vez te ví, con tu chica... ahhhhh que bonito es el amor.
Escríbeme, ah creo que en mi blog sólo pueden escribirme personas autorizadas, por que luego el exese ese que tengo lo usaba para amenazarme de muerte con anónimos. Que horror. Ora sí que me decía como la canción: ojala que te mueras!!