
Yo soy memoria. Soy uno que quisiera olvidar ciertos años de su infancia. Uno que si olvidara su infancia se quedaría más huérfano. Soy un huérfano de padre. También soy un bastardo. Tengo un padre que no fue mi padre porque tenía otros hijos más grandes. Tuve un abuelo que fue mi padre y se murió. Tuve a mi abuelo en mis brazos en medio de un charco de sangre. Tuve a mi abuelo sentado por años en un sillón con una bata de cuadros. Tuve un buen padre. Tuve otras cosas menos buenas.
Soy uno que ha pasado su vida de triunfo en triunfo en la escuela, en los deportes, en las artes: natación, tae kwon do, equitación, béisbol, futbol, básquetbol, salto de altura, salto triple, 400 metros con vallas, lanzamiento de jabalina, scouts, flauta, órgano, guitarra, teatro, cum laude, coloquios, profesor de ética en la prepa. Uno que ha querido ser bueno, un buen niño. Un señor responsable.
Uno que también se ha resistido a ser un buen niño, un señor responsable. Soy uno que odia los trajes, las corbatas, los zapatos de vestir, las sonrisas obligadas, saludar con un apretón de manos firme, no blando, no tan fuerte, decir sí, señor, no, señor, hacerse el que no vio nada. Soy el que corrieron del trabajo por quejarse de un despido injustificado. El que quieren correr porque no impone dis-ci-pli-na-a-los-jó-ve-nes-de-hoy-tan-des-ca-rria-dos.
Soy uno que cae mal por presumido. No saben que tengo miedo. Ya lo saben. Soy uno que cae mal porque no se atreve a hablar a los desconocidos. Soy uno con un amigo y medio. Soy un solo que detesta la soledad.
Soy memoria. Soy el que se enamoró de su maestra y duró como siete años y vivió con ella como cuatro y cuando se iban a casar se quedó solo con un trabajo del que luego lo corrieron y un coche que no podía pagar y luego pudo y luego hizo mierda contra el muro de una carretera. El que se hundió un año en su tristeza y no era más que una gota de llanto talla 28. Soy el talla 31 nueve kilos después.
Confieso ser uno que escuchaba a Arjona todavía en la prepa, uno que llora con La vida es bella y Dancing in the dark y poemas de Neruda, de Sabines, de Rosario Castellanos, cómo no si: “Matamos lo que amamos, lo demás no ha estado vivo nunca”.
Soy uno que se enamoró de una que no debía amar. Uno que se enamoró de su amiga cuando ya sabía demasiado. Soy memoria y me pesa la memoria. Soy un arrepentido primerizo, un celoso retrospectivo, un amante acomplejado. Una lap sin “Reiniciar” (es evidente que escuchaba a Arjona), uno emo de clóset que ha hecho pública su condición, un emo región cuatro, no descolorido, no anoréxico, no pelo planchado, no pantalones apretados a media nalga. Soy un chillón quejumbroso medio alcohólico, mediocre hasta en eso (en lo alcohólico, en lo chillón nadie me gana), soy el que vomita y se queda dormido, no el que aguanta.
Soy bien miedoso, calvo incipiente, panza de nudo, brazos de hilo, ojos de japo. Soy, sin más remedio.
Soy, con todo, una papa con ketchup, soy un pancake muy muy dulce, soy un huevo cuadrado, soy un shrabo, una soda no stones en los riñon’s, soy un pulpo re-sa-bro-so.
Me dicen Eudave porque no saben que me llamo Rabo. Me aman porque no saben todo lo que cargo. Me odian porque no saben todo lo que temo.
Yo soy memoria, pero quiero ser futuro. Una llave y una cicatriz. No un Doctor Rabo, sólo y nada más un Eudave con su perro y su hijo y su greñuda y olvidar y recordar según convenga y que ya no duela el bazo ni el vaso y que no haya pastas en la mesa de noche y olvidar y recordar según convenga y no soñar con muertos ni sentirlos y olvidar y recordar según convenga. Una mujerzuela con su patancito al lado. Un huevo de mostro. Un rabo de cebolla.
Soy uno que ha pasado su vida de triunfo en triunfo en la escuela, en los deportes, en las artes: natación, tae kwon do, equitación, béisbol, futbol, básquetbol, salto de altura, salto triple, 400 metros con vallas, lanzamiento de jabalina, scouts, flauta, órgano, guitarra, teatro, cum laude, coloquios, profesor de ética en la prepa. Uno que ha querido ser bueno, un buen niño. Un señor responsable.
Uno que también se ha resistido a ser un buen niño, un señor responsable. Soy uno que odia los trajes, las corbatas, los zapatos de vestir, las sonrisas obligadas, saludar con un apretón de manos firme, no blando, no tan fuerte, decir sí, señor, no, señor, hacerse el que no vio nada. Soy el que corrieron del trabajo por quejarse de un despido injustificado. El que quieren correr porque no impone dis-ci-pli-na-a-los-jó-ve-nes-de-hoy-tan-des-ca-rria-dos.
Soy uno que cae mal por presumido. No saben que tengo miedo. Ya lo saben. Soy uno que cae mal porque no se atreve a hablar a los desconocidos. Soy uno con un amigo y medio. Soy un solo que detesta la soledad.
Soy memoria. Soy el que se enamoró de su maestra y duró como siete años y vivió con ella como cuatro y cuando se iban a casar se quedó solo con un trabajo del que luego lo corrieron y un coche que no podía pagar y luego pudo y luego hizo mierda contra el muro de una carretera. El que se hundió un año en su tristeza y no era más que una gota de llanto talla 28. Soy el talla 31 nueve kilos después.
Confieso ser uno que escuchaba a Arjona todavía en la prepa, uno que llora con La vida es bella y Dancing in the dark y poemas de Neruda, de Sabines, de Rosario Castellanos, cómo no si: “Matamos lo que amamos, lo demás no ha estado vivo nunca”.
Soy uno que se enamoró de una que no debía amar. Uno que se enamoró de su amiga cuando ya sabía demasiado. Soy memoria y me pesa la memoria. Soy un arrepentido primerizo, un celoso retrospectivo, un amante acomplejado. Una lap sin “Reiniciar” (es evidente que escuchaba a Arjona), uno emo de clóset que ha hecho pública su condición, un emo región cuatro, no descolorido, no anoréxico, no pelo planchado, no pantalones apretados a media nalga. Soy un chillón quejumbroso medio alcohólico, mediocre hasta en eso (en lo alcohólico, en lo chillón nadie me gana), soy el que vomita y se queda dormido, no el que aguanta.
Soy bien miedoso, calvo incipiente, panza de nudo, brazos de hilo, ojos de japo. Soy, sin más remedio.
Soy, con todo, una papa con ketchup, soy un pancake muy muy dulce, soy un huevo cuadrado, soy un shrabo, una soda no stones en los riñon’s, soy un pulpo re-sa-bro-so.
Me dicen Eudave porque no saben que me llamo Rabo. Me aman porque no saben todo lo que cargo. Me odian porque no saben todo lo que temo.
Yo soy memoria, pero quiero ser futuro. Una llave y una cicatriz. No un Doctor Rabo, sólo y nada más un Eudave con su perro y su hijo y su greñuda y olvidar y recordar según convenga y que ya no duela el bazo ni el vaso y que no haya pastas en la mesa de noche y olvidar y recordar según convenga y no soñar con muertos ni sentirlos y olvidar y recordar según convenga. Una mujerzuela con su patancito al lado. Un huevo de mostro. Un rabo de cebolla.
2 comentarios:
Algunos nunca pueden ser amigos de quien aman y jamás llegan a saber demasiado. Yo no quiero un hombre sin memoria, pero tampoco quiero una memoria que ha dejado atrás a un hombre. Yo quiero al que sos, quiero a mi papa, pero con ketchup, porque si no ni siquiera serías una papa, a mí pancake dulce muy dulce y a mí winnie pooh que guarda la miel en las barbas, a mi huevo cocido porque así es más fuerte y más cuadrado, quiero al que no puedo decirle por su nombre sólo porque no puedo pronunciar la “r”, a mi pulpo ahora llamado Leonard.
Mi Eudave sin perro y sin hijo…con greñuda. Una greñuda,mostro, cebolla…con su huevo y su rabo. Ahora serás llave y hojas y cicatriz.
me gusta como escribes
Publicar un comentario