domingo, 3 de agosto de 2008

Confesión que causo la tragedia de una naja tasajeada Opus 47

La naja encanta secretamente a su pretencioso encantador. Sin siquiera salir de su cesta dirige la operación: extender la alfombra, colocar la cesta con cuidado en una esquina, elegir la canción, sentarse con las piernas cruzadas, acomodarse el turbante en la frente, sacar del cinturón las partes de la flauta y armarla lentamente, esperando que el público se congregue, elegir la canción, quitar la tapa de la cesta, comenzar a soplar y mover los dedos rítmicamente tapando y destapando agujeros, rogar al dios que la naja salga y baile.
A la naja le encanta bailar, sobre cualquier otra cosa. Y le encantan los ojos vidriosos, trémulos, los ojos perdidos del encantador de serpientes encantado.

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