Leonard se pasaba la vida rodeado de tinta, según decía, “porque de tanto escribir uno se queda impregnado”. Lo cierto es que Leonard no escribía, aunque deseaba hacerlo, más bien era algo tímido y prefería pasar por misterioso, así que gastaba todas sus energías en producir tinta y más tinta para soltarla a la menor provocación. Pensaba que ser pulpo es una suerte inigualable, excepto por un pequeño detalle: la forma de su cuerpo y el número de los apéndices que de él se desprenden asemejan la figura de una araña. Leonard nunca ha visto una araña, pero sabía que la mayoría de los humanos las detestan y él, soñando como soñaba en visitar la tierra de Da Vinci, hubiera preferido ser semejante a un perro, para hacerse presto amigo de los hombres, el mejor.
Para ser honestos, la única ventaja cabal que Leonard veía en su pulpidad era la discreción que facilitaba la tinta. Él hubiera preferido nacer humano, tener sólo dos piernas y dos brazos –y no ocho “tentáculos” que, dicho sea de paso, contra su nombre, él jamás hubiera utilizado para tentar culos. Primero, porque Leonard tenía un sentido inusual de la decencia, y luego, aunque sólo tangencialmente, porque los pulpos no tienen culo. De cualquier manera, él ni siquiera regalaba una miradita de soslayo a ninguno de sus congéneres, así que nunca establecería el más mínimo contacto con otro pulpo –o pulpa.
Había, sin embargo, una actividad púlpica a la que no podía ni quería renunciar, los conciertos de las Octopussycat Dolls, su grupo musical favorito. Y había en el grupo una pulpa que no le quitaba los ojos de encima, la baterista. Leonard no pudo evitar notarlo y, aunque trataba de apartar la mirada y soltar una de sus típicas nubes de tinta, algo lo detenía. Quizá lo mismo que lo obligo a acercarse tímidamente al final del concierto a la puerta del camerino de Elle, llamar, entrar y enredarse sin control alguno, a decir verdad con desesperación, en los tentáculos de su ahora amada.
Después del episodio, Leonard evitó a Elle tanto como sus menguadas fuerzas le permitieron. No podía amarla, no a una pulpa... Y ella no podría amarlo, tan hermosa, tan segura, tan perfecta, quizá se había sentido atraída por sus nubes de misterio, pero qué sería cuando se diera cuenta de que detrás no había más que el más corriente de los pulpos.
Pero ella lo amó, sin motivo, sin permiso, sin condición y sin medida. Lo amó tanto que Leonard se sintió por vez primera orgulloso de ser pulpo.
Una tarde se asomó como acostumbraba a la superficie del mar, cerca de la playa. No obstante, esta vez no espiaba a los humanos soñando con ser uno de ellos, ahora trataba de explicarse qué era lo que antes lo deslumbraba. Fuese lo que fuera, ya no estaba allí. Y sonrió, más Leonard que nunca.
Paseaba por la playa en ese momento una humana que al verlo tan pulpo se sintió de pronto fascinada y, aprovechando el éxtasis de Leonard, lo metió en una bolsa de plástico y lo puso en su pecera para contemplarlo todas las mañanas al despertar y todas las noches antes de dormir.
Desde ese día, Leonard vive en la pecera, rodeado otra vez de tinta. La mujer piensa que Leonard pretende boicotear su fascinación. Pero él no busca ocultarse, ahora de verdad escribe. Escribe cartas que una gaviota mensajera le hace favor de llevar a Elle a cambio de poemas de amor para su gavioto. Y escribe su historia en tercera persona. La mujer está pensando en deshacerse del maldito pulpo insurrecto y secuestrar ahora un cuervo o quizá una araña –ironías que tiene la vida. Leonard, ajeno a todo, escribe enamorado, no es que a propósito busque desesperar a la mujer para que lo libere, es la suerte que conspira a favor del amor.
3 comentarios:
Wuooo me gusta!!!, me agrada el pulpo, es sensible pero además mi Leonard es muy inteligente, supongo que si hay relación con el de Da Vinci. Gracias Rabo, ahora quiero uno de un dinosaurio verde. Y sólo una cosa: yo pude haber hecho la foto, juju, no hubiera quedado tan linda pero a Leonard sin duda le agradaría tener una foto así conmigo. Ah, casi lo olvido, cómo se llama la gaviota?
Pero claro que hubiera quedado linda la foto!
Y el nombre de la gaviota, en el proximo cuento, jeje, el del dinosaurio verde. No se lo pierda, en su mismo blog.
Este pulpo estará igual de rico que el pulpo enamorado que venden en las costas? Ojalá no, porque me darán ganas de comerme a mi Leonard.
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