domingo, 11 de enero de 2009

Variación Tolkien Opus 66

Entiendo a Frodo. El problema no era el anillo, sino que él se sentía pequeño, vulnerable y medianamente estúpido, y que no entendía a quién diantres se le podría haber ocurrido encomendárselo a él. ¡Coño! ¡Si ni siquiera tenía zapatos!
A mí también me han encomendado algo frágil, raro y valioso, uno de esos amores que aparecen nada más -y a veces- en cuentos. Igual que Frodo, tengo miedo de echarlo todo a perder y por culpa del puto miedo estoy a punto de echarlo todo a perder cada dos pasos... pero entonces volteo a verme los pies peludos y digo: "¡A huevo! Yo soy ese hobbit".

2 comentarios:

Patancito dijo...

Umm...ya no me quiero llamar Sam, porque entonces si te acompaño en el viaje a mi me toca ser el otro hobbit, y yo no tengo las patas peludas. ¡Chale! yo quería ser un elfo.

Anónimo dijo...

http://i525.photobucket.com/albums/cc339/conejo_pestilente/1111.jpg

ahi tiene un carton para el blogvs interrvptvs, espero sea de su agrado...

ojala lo veamos pronto en la carrera...