viernes, 28 de marzo de 2008

Ramón y yo. Solata para Rabo solo Opus 25

Desde niño era bastante rarito... no, no gay... bueno, ok, poquito, pero luego se me quito... ok, ok, más o menos (carajo, pinches lectores metiches). El caso es que, como todos los niños raritos tenía un amigo... no precisamente imaginario, en realidad tenía un amigo vegetal. Es un árbol de aguacate que vive en mi antigua casa. Lo plantó mi madre cuando yo nací, o sea que es más o menos de mi edad. Se los presento.




Di "Hola", Ramón... Es un poco tímido.
Sí, es de mi edad pero mide como 5 veces más. Se llama Ramón por aquello de la abundancia de ramas... (¿qué quieren de un niño de 5 años?). Esa cosa pintada de azul es la casa donde viví hasta los 10 años, más o menos. Queda muy cerca de donde vivo ahora, pero mi rumbo es justo hacia el lado contrario, por lo que rara vez la veo. La extraño y extraño a Ramón. Me sentaba todas las tardes recargado en su tronco a contarle cuentos. De allí me nació lo dizque escritor... y lo rarito... ¡ohhhhh, que no soy gay!... Perdón, continúo. Sí, era un niño bastante solitario, no había niños de mi edad cerca, no tengo hermanos, mis primos más chicos (que vivían allí conmigo) me llevan más de 5 años y mi abuelo estaba enfermo.
En el patio también había un naranjo y un limonero. En una época del año olía en los noches a azahares. En otra, Ramón tiraba unos microaguacates sin hueso que mi abuela llama "brevas", deliciosos. Los comía con todo y piel. También hubo un árbol de mango y hasta plantas de maíz.
Yo sabía que los demás eran sólo plantas, pero Ramón era mi amigo vegetal. Nunca me habló, no soy tan rarito... omitiré ese comentario... pero sí que me escuchaba.

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