domingo, 1 de febrero de 2009

Meditaciones teológicas Opus 69

Hoy he decidido salir del clóset. Es cierto, soy un emo y siempre lo he sido. Desde pequeño ya “sufría” por las cosas más inverosímiles. Recuerdo, por ejemplo, que no lloraba por las cosas importantes que me ocurrían –las ignoraba voluntariamente. Lloraba mucho al pensar en la muerte, porque era un niño muy bien portado y tenía la seguridad de que me iría al cielo, pero la perspectiva de pasar una eternidad tocando el arpa sobre una nube me parecía tan patética que deseaba ser un poquito malo (Primera meditación teológica). Desde entonces he ido por la vida con preocupaciones anormales que me mantienen en la cuerda floja existencial. Desde entonces ha sido también difícil dormir. La idea de cerrar los ojos y dejar de tener consciencia (con S) por no sé cuántas horas me parece terrorífica en sí misma. Es por eso, no por el miedo a la oscuridad o a las arañas, que de pequeño me costó dejar de dormir en la cama de mi madre. Es por eso que toda mi vida he tenido insomnio.
(Paréntesis para hablar sobre las arañas:
1.Mi abuelo me contaba cuentos para niños cultos que él mismo inventaba. Viajábamos por el mundo conociendo lugares, costumbres, ideas y palabras extrañas. De entre ese cúmulo pronto se destacó una: la malaria, que en mi pequeña mente nocturna se convirtió en una araña.
2.No sé qué vino primero, si “la malaria nocturna” o mi pavor por las arañas.
3.Cuando creía haber superado ese pavor vi en el cineclub “A través de un vidrio oscuro”. La escena en que la loca por fin ve a Dios y su rostro se desfigura por el pánico, porque “Dios es una araña”, acompaña desde entonces mis Nuevas meditaciones teológicas –y mi insomnio.)
Siempre he querido pasar desapercibido, que el diablo y la muerte y Dios se olviden de mí. Por eso me causa pánico el sueño, porque mientras estoy despierto puedo dedicarle toda mi atención a la tarea de ser invisible, pero estando dormido...
Todas estas afirmaciones pueden parecerte bastante extrañas, porque tú, que me has visto dormir, que has dormido conmigo, sientes paz a mi lado y notas que despertar me cuesta más trabajo que conciliar el sueño. ¿Sabes por qué es así? Porque estando contigo me importa un rábano si Dios es una araña o si voy a pasar la eternidad tocando el arpa sobre una nube o adentro de un caldero lleno de aceite hirviendo o si detrás de todo no hay nada. Tú eres irrefutable, no dejas espacio para abstracciones.
Ahora no sólo dormimos lejos, sino a diferentes horas.
El insomnio y las viejas preocupaciones son mala compañía en la cama.
Estas noches sin ti podrían convertirme en un loco o un genio.
Pero soy tan obstinado, me aferro a tu recuerdo con tanto ahínco que casi te hago presente. Subrayo el “casi”, todavía me haces falta. Sobre todo el olor de tu cabello y tu peso en mi pecho.
Sálvame de la muerte, las arañas, del genio y la inmortalidad, de Dios y la filosofía, sólo quiero ser feliz (Última meditación teológica).

2 comentarios:

Patancito dijo...

Justo hoy leía El pozo y encontré algo respecto al sueño. Quizá no recuerdes esa parte en que Eladio Linacero afirma que jamás pudo dormir antes que su esposa, porque aún cuando la adoraba (es esa la palabra que utiliza) tenía miedo, porque era como darle la espalda a un enemigo. Me ha parecido tan extraño, no entiendo cómo puede pasar algo así, cómo puedes no abandonarte si estás con alguien a quien amas.
Yo siempre he tenido miedo de dormir con personas a mi lado, eso es porque hablo dormida y además me rio de no sé qué cosas. Tengo miedo a que mediante eso las personas puedan conocer partes de mi que ni yo conozco, pero si hay alguien a quien le importas, tienes la ventaja de crecer un poco más, como las estalactitas, sólo que a partir del otro.
Me gustaría prometer tantas cosas, pero lo único de lo que también estoy casi segura es de que la mayor parte del tiempo dormiré después y despertaré antes, por si sirve de algo.
Las horas han cambiado, y eso presenta una ventaja sobre todas las desventajas: puedo estar despierta mientras duermes y puedo "pedir a dios" que no haya sueños.
(No sé si debería decir estas cosas aquí; siempre existe la posibilidad de borrar los comentarios)

Anónimo dijo...

Tsss ay compagre asté si sabe llegarle a uno (sin albur...)...