Cuando tenía 11 años estuve a punto de irme a un seminario. Creía en Dios (así, con mayúsculas, el de los católicos) y puedo incluso decir que había tenido experiencias de acercamiento muy profundas. Luego todo eso valió madre, no sé por qué. Lo que se ha quedado es un interés enorme por todo lo que tenga que ver con la fe.
Esto me ha valido discusiones maratónicas con muchas personas. Se supone que la fe es ciega, si no fuera ciega no sería fe, sino otra cosa: conocimiento, constatación... No lo niego, pero creo que una fe absolutamente ciega no es fe, también es otra cosa: probablemente costumbre, comodidad... Entonces, según yo, toda fe tiene que pasar por un proceso previo de duda e investigación. Al final de ese proceso, por supuesto, se llega a un límite frente al cual ya no puede nada, ni la razón ni la intuición ni absolutamente un carajo. Allí entra la fe, sólo al final de un proceso. Siempre uso un símil para hablar de esto: es como caminar por un camino bien definido que lleva a un barranco. Todo te lleva a él, pero dar el salto no es fácil. Deliberadamente he omitido decir que esto ya lo dijo un filósofo antes que yo. Lo he omitido porque ya lo había pensado antes de leer al filósofo. En fin, da igual. No he podido dar el salto.
También decía que no podía amar a Dios sin pasar por ese proceso. Argumentaba que no se puede amar lo que no se conoce. Evidentemente, no sabía nada del amor. Si uno tuviera que esperarse a conocer (con todo lo que conocer implica) a una persona, no amaría nunca (ya sé que hay gente que no lo hace nunca, pero no creo que su motivo sea ese). Sin embargo, el amor existe (yo lo conozco, si alguno de mis lectores no lo ha conocido, no se preocupe, ya le llegará el momento). También tiene su camino y su barranco. Yo he logrado saltar al barranco, lo que reaviva mi fe en la fe.
Así que mi opinión sobre el amor a Dios ha cambiado. Puedo amarlo aunque no lo conozca. Quizá pronto pueda saltar al otro barranco que me falta.
Gracias, Amor, me enseñas a vivir.
2 comentarios:
Mi estimado. Me cae usté re-bien.
Saludos
Usté a mi también, don Pablito.
Y pinta re-chido, jojo.
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