lunes, 14 de enero de 2008

Elipsis sensual del coño, las nalgas y los senos Opus 8

Me quedé pensando en los hoyitos de la espalda. Pocas cosas me parecen tan sensuales en el cuerpo de una mujer. De hecho, creo que debería declararme perverso o, al menos, anormal, porque frente al coño, las nalgas o los senos (usuales blancos de la mirada –o el tacto), prefiero los hoyitos de la espalda. Y no sólo los hoyitos de la espalda, también el espacio entre los senos (¿el esternón?), el hueco que se hace entre el cuello y las clavículas, el ombligo, la hipercintura que se forma cuando una mujer se recuesta de lado, las axilas, la nariz, el hueco que se forma en la espalda cuando el cuerpo se arquea hacia delante, los omóplatos... Y frente a la mirada, prefiero el tacto y el olfato, sentir los isquiones sobre mi vientre, morder los dedos a la altura de las uñas (¿las falangetas?), y el aliento y, sí, por qué no, el almizcle del coño.

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