sábado, 5 de enero de 2008

Profecía sobre el amor y el matrimonio Opus 5

Esto lo escribí a mediados del 2004 para "Intermedio", un monólogo que cambio mi vida profesional y personal:
El matrimonio es la forma más elaborada de la prostitución... Hasta firman contratos: Yo, Chacachón prometo hacerte entrega puntual de mi dinero, en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida. Yo, Chacachina, prometo tenerte mi cuerpo siempre disponible, en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida.
El camino hacia el matrimonio es una feroz cacería mutua. El hombre se cree el cazador, el más inteligente, sin saber que está siendo cazado por su presa. Esto se nota claramente cuando uno ve el trofeo de la cacería: la fotografía de la boda. Basta con mirar la sonrisa de la novia. Su satisfacción es clarísima: ella es la más inteligente y lo ha demostrado. Aunque, si analizamos la amargura del novio, nos podemos percatar de que, para esas alturas, él ya se dio cuenta de su error, y parece ser de nuevo el más inteligente. Porque ella todavía está ilusionada y lo estará, por increíble que parezca, durante varios años. Al final, sin embargo, terminarán descubriendo que se odian... desde el principio y que ambos son un par de idiotas.
El contrato parece perfecto: yo te doy, tú me das y no se hable más. Pero tiene un defecto: el tiempo. Dice claramente: todos los días de mi vida... pero no dice cómo. Al poco tiempo Chacachón empieza a resentir los agujeros en su bolsillo y a Chacachina comienza a dolerle la cabeza.
En cambio, la prostitución, la prostitución a secas, a fin de cuentas la prostitución de los pobres, de los feos, de los viejos, los despreciados, los jodidos, es el acto de mayor humildad. No te pido más de lo que te puedo dar, no te pido que me soportes, ni que me cuides, ni que me quieras, ni siquiera que me escuches. Yo te doy algo que no me pesa gran cosa: mi cuerpo o unos billetes, ¿qué es eso para mí? Nada... a cambio de lo que tú me das: una probadita de amor o mi comida de mañana. Y así, sin despedirnos, sin mirarnos a los ojos. Y quién sabe, un buen día yo te regalo mi cuerpo o mi dinero, por el puro placer de dártelo, sin pedirte absolutamente nada a cambio... ¡Eso es el amor!

1 comentario:

xiriflus dijo...

sí, eso es, lástima que cuando viene con fecha de caducidad no pueda leerse antes la etiqueta...