Sobre la presunción de los músculos banales pero insólitos
Conmigo se podrían dar clases de anatomía, específicamente de aquella dedicada al sistema ocio, ¡perdón!, ó-se-o. Sí, soy flaco, alguien me decía “Tripa”. Aunque, para hablar con la verdad, en los últimos dos meses he comenzado a desarrollar una incipiente panza chelera que me hace parecer una cuerda con un nudo en medio.
Soy actor. Un actor es una persona que juega consigo misma (¡wey, qué antropológico! Eugenio Barba, para la oreja): todo el tiempo estamos inventando palabras o lenguajes completos; hablamos dentro, a través o hacia objetos que nos permitan escuchar nuestra voz de maneras “creativas”; colocamos nuestro cuerpo en posturas francamente insanas y luego tratamos de acercarnos a un espejo; generamos situaciones (falsas) para ver cómo reaccionamos (“con naturalidad”) –y cómo reaccionan los que nos rodean (¡uy, tiemblen!). En fin, que somos unos niñotes sin juguete, sin más juguete que lo que somos (¡wey, qué rizomático! Douglas Hofstadter, muérete de envidia).
Pero vamos al grano. El otro día movía el dedo pulgar de mi mano derecha en varias direcciones, observando científicamente las variaciones producidas sobre el resto de la mano y el antebrazo, cuando descubrí la presencia de un pequeño músculo localizado sobre el dorso de la mano, justo entre las falanges de los dedos índice y pulgar. Noté con sorpresa que al apretar el pulgar contra o sobre el índice, el nuevo músculo se tensaba, formando una elevación pequeña pero significativa. Inmediatamente le solicité a la persona que me acompañaba que copiara mi movimiento y observé asombrado que su músculo no se tensaba. Entonces hice evidente la diferencia. Aclaro que mi pretensión no era presumir mi músculo, sino mi descubrimiento. Pero la otra persona soltó una carcajada y dijo: “Claro, como no tienes más qué presumir...”
Soy actor. Un actor es una persona que juega consigo misma (¡wey, qué antropológico! Eugenio Barba, para la oreja): todo el tiempo estamos inventando palabras o lenguajes completos; hablamos dentro, a través o hacia objetos que nos permitan escuchar nuestra voz de maneras “creativas”; colocamos nuestro cuerpo en posturas francamente insanas y luego tratamos de acercarnos a un espejo; generamos situaciones (falsas) para ver cómo reaccionamos (“con naturalidad”) –y cómo reaccionan los que nos rodean (¡uy, tiemblen!). En fin, que somos unos niñotes sin juguete, sin más juguete que lo que somos (¡wey, qué rizomático! Douglas Hofstadter, muérete de envidia).
Pero vamos al grano. El otro día movía el dedo pulgar de mi mano derecha en varias direcciones, observando científicamente las variaciones producidas sobre el resto de la mano y el antebrazo, cuando descubrí la presencia de un pequeño músculo localizado sobre el dorso de la mano, justo entre las falanges de los dedos índice y pulgar. Noté con sorpresa que al apretar el pulgar contra o sobre el índice, el nuevo músculo se tensaba, formando una elevación pequeña pero significativa. Inmediatamente le solicité a la persona que me acompañaba que copiara mi movimiento y observé asombrado que su músculo no se tensaba. Entonces hice evidente la diferencia. Aclaro que mi pretensión no era presumir mi músculo, sino mi descubrimiento. Pero la otra persona soltó una carcajada y dijo: “Claro, como no tienes más qué presumir...”
Tiene razón, no tengo más que presumir. Pero MI músculo, aunque banal, es insólito. Y, ¿sabes?, te advierto que seguiré buscando...
1 comentario:
Jajaja presumido, a mi también se me tensa ese músculo, que por cierto se llama carpometacarpo (sí, es una rara epanadiplosis médica). Y además yo tengo hoyuelos en la espalda baja (que no sirve pa nada pero se ven bonitos) y tú no :P.
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