lunes, 28 de enero de 2008

Variación sobre un tema de Plotino Opus 11

¿Es verdad que las cosas lejanas aparecen más pequeñas...?
PLOTINO, Ennéada II, 8


Es posible tapar el sol con un dedo, pero si el dedo se queda mucho tiempo allí, el sol terminará por calcinarlo. El dedo (y su minieclipse, que afecta cuando mucho a un ojo) está condenado al fracaso, porque el sol ahhhhh... parece más pequeño, pero no lo está.

Por eso la luna, aún siendo más grande que el dedo (y por vieja también más sabia), no se queda demasiado tiempo haciendo eclipses, prefiere dar vueltas y generar menstruaciones, oficios igual de inútiles y quizá más desagradables pero, definitivamente, menos peligrosos. La luna sabe quién manda, sabe que es más pequeña que el sol, y que si aquí en la tierra se ve más grande (o más o menos del mismo tamaño) es porque los ojos de los hombres son tan pequeños que no les cabe la realidad.

Por eso cuando uno entierra cosas en su memoria y deja que pase el tiempo con la esperanza de que al desenterrarlas aparezcan más pequeñas pero cuando uno las desentierra resulta que siguen del mismo tamaño... es porque uno es ingenuo o pendejo... o tiene los ojos rasgados y no alcanza a ver. ¿Dónde está la breve línea entre la pendejez y la ingenuidad?

El miedo me visita de nuevo. Gracias a Bach, soy ingenuo (o pendejo) en grado suficiente para ignorarlo. Me tiro de nuevo al abismo sin paracaídas. No obstante, ahora es distinto: no espero que aparezca la mano de Bach y me salve de tocar el fondo. Vengo preparado para el cieno con una botella de alcohol. Además, ¡el fondo se ve tan chiquitito!

¡Benditas las personas de ojos grandes, quepo mejor en su mirada!

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